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lunes, 8 de noviembre de 2010

Después de un mes...

Un atrasado saludo a todos los que gozan de perder su tiempo en este, su espacio proveedor de ocio…

Lectores míos, no les voy a mentir, no, ustedes forman parte de algo muy importante para mi y el no estar aquí durante un mes me hace sentir que les estoy fallando, por ello, me alejo un rato de mi maldita vida absorbente para explicarme y para re comprometerme con ustedes.

Ok, primero y por n-ésima vez, les prometo estar mas seguido por acá, y además, pese a la señora gorda con pijama a las tres de la tarde, les contaré de mis vivencias como comunicólogo en formación, por ejemplo, lo que viene a continuación.

Les explico: hace ya un ratote simplemente aparecieron post de “Mission: Caperojita” y nunca les explique que era, con que se comía o donde se ponía, así que lo haré en este momento.

Mission Caperojita es el producto de un simple trabajo escolar, pero no es tan sencillo, así que empiezo confesando algo que nunca antes había hecho y menos por internet: Tengo un genuino interés por la literatura. Y es sincero, me vale tener renombre, me importa un bledo la fama y me limpio las manos con los círculos de autores que se enriquecen vendiendo soluciones espirituales a lectores de poca resistencia a lo subliminal. Mi único interés es entretener a mi lector interno en conjunto a ustedes con un universo que vengo forjando desde hace ya años. Sin embargo, no es tan sencillo plasmarlo, además, mi compromiso es tan grande que no podría soportar la idea de hacer una pichurrientez de esto tan importante para mi. Tal vez esta es una de las razones por las que existe La Legión de Las Letras y es seguramente la principal razón de no llevar otro nombre mas que “Patch” y de intentar (fallidamente) no mostrar mi rostro.

Ok, ya abrí la caja de pandora, sigo mi relato, el curso pasado un profesor (excelente por cierto) nos asignó la labor de realizar la edición de un libro de nuestra autoría, así que ahí estaba, la oportunidad perfecta de plasmarlo en papel, puse pausa a un intento que llevo desde hace ya años y comencé la idea de una selección de cuentos que convive en ese universo tan generalmente particular que proviene de mi imaginación.
Sin embargo la vida es gacha como tener diarrea y tos al mismo tiempo y solo pude entregar un compendio de algunos post de este URL por falta de tiempo para la creatividad. Así que decidí volverme emo pero los rizos de mi cabello no me permitieron. Hundido en depresión agarre coraje de la nada y escribí “Mission: Caperojita” solo para no quedarme con ganas y lo anexé como inédito en mis escritos.

Después me di cuenta que se los debía a ustedes y comencé a publicarlo con la intención de explicarles esto después, pero como la vida es gacha, otra vez no he podido hacerlo, así que les obsequio todo el cuento junto en PDF nomás picándole a la imagen.


Ahora, esto no acaba aquí, como me quedé con ganas, les doy mi palabra de escribir el resto de las historias que tenia pensadas (diez en total) si ustedes prometen decirme que les parece, por que debo aclarar que yo no me trago esa charada de que uno escribe para si mismo, nel, yo me debo a ustedes y quiero mejorar en criterio de ustedes que me han acompañado en estos tiempos en las buenas y en las malas.

Así que espero aunque sea una mentada y también que entiendan que si de pronto el panorama político de estas historias no es muy claro es porque derivan de algo que ya esta gestándose y que, les prometo, leerán después de estas historias… claro, si me conceden el honor.

Bueno, ya dejando el asunto en paz, aprovecho para agradecer públicamente al Memo porque en esa misma materia me ayudó con un trabajo de elaboración de revistas en el que saqué… o mas bien sacamos diez: “Gracias pinchi Memo, eres mi ídolo aunque nunca te lo voy a decir y menos admitir”

Ahora, espero ya no ser tan lento y prometo publicar mas seguido, seguir con los planes de La Legión y mantener de nuevo vivo este espacio proveedor de ocio como se lo merecen… de verdad lo lamento lectores, fueron épocas turbias en los aspectos físico-psicológico-sentimental-académico-profesional para mi, pero como les dije, me debo a ustedes y aquí estaré.

¡! CAMBIO Y FUERA ¡!

viernes, 8 de octubre de 2010

Mission: Caperojita

Capitulo 5: “Wolf”

El bosque parecía mas inmenso y tardo cerca de dos horas en reencontrar el camino que llevaba justo al valle de la capital, así que cuando encontró el árbol torcido que apuntaba al norte y al sur al mismo tiempo supo que por fin podía seguir su misión y olvidar los desvaríos de aquella anciana que si bien no mortificó la crisma de Roja, si le dejo perpleja el conocimiento de Cape que poseía y no podía dejar de pensar en la confianza que le inspiró, era como si una parte de Roja se identificar plenamente con la Vidente pero aun no entendía como.

Caminó sobre veredas conocidas un par de horas, y mientras mantenía sus sentidos siempre alertas, escuchó el llanto de un animal cerca de ahí, Roja se aproximo al origen de los llantos para encontrar a una pequeña cría de zorro atrapada en una trampa. Acto seguido de un enorme salto de Roja hacia la copa de los arboles, pues la presencia de una trampa significaba que había alguien operando en el bosque y aun cuando fueran simples cazadores, lo cual era ilegal de acuerdo a la ley de El General, la experiencia con el grupo del desierto le hacían mantener mas precaución que nunca.

Brincaba de rama en rama siguiendo la trayectoria hacia la capital, saltaba con una maestría y precisión que cualquier animal salvaje difícilmente podía igualar, hasta que pisó una rama floja que la hizo caer directo al suelo en medio de matorrales. Cuando Roja se incorporo se encontró nuevamente rodeada de hombres que apuntaban con lanzas y vestían harapos muy similares a los de los hombres del desierto.

-¡Tus armas, tíralas!- Dijo quien parecía ser el líder de aquel grupo de cazadores.
Roja tiro el cinturón que contenía la mayoría de sus armas y trataba de terminar de reconocer la voz de aquel hombre.
-La de las botas también- Dijo aquella figura asombrando a Roja el conocimiento de la distribución del armamento, así que terminó de reconocer aquella voz.
-¿Woolf?- preguntó roja anonadada por la situación.
-¡Quítate la capucha, ahora!- Roja mostro su rostro y Woolf hizo un ademan, el resto de los hombres bajar sus armas.
-Roja, eres tu, no pensé que te enviaran a ti- dijo mientras ofrecía su mano a Roja quien trataba de explicarse lo que sucedía a si misma.
-Ven conmigo- a penas terminó de ofrecer Woolf cuando Roja había tomado ya su arma y lo había amenazado como en su momento a aquel hombre del desierto mientras el resto de los hombres apuntaban de nuevo con sus lanzas a Roja.
-Bajen sus armas- Dijo Woolf a los hombres, quienes obedecieron de inmediato y se dirigió a Roja: -Permíteme explicarte, seguramente tienes que llegar a la capital a encontrarme para que te entregue el maletín que entregarás a Abe de la capital ¿No es cierto?- Roja aumento la fuerza de la llave. –Dime algo que me haga soltarte o te mataré en este momento- Dijo Roja al oído de Woolf.
-El maletín se abrió, contiene una unidad de cinta, no sabemos como escuchar lo que dice porque esa tecnología dejo de existir hace mucho tiempo, pero en cuanto reporté que había dentro del maletín los hombres que me acompañaban intentaron asesinarme.- Roja soltó a Woolf. -¿Eso fue en el desierto?- Preguntó Roja a Woolf mientras vigilaba las acciones del resto de los hombres.
-Si, parece que Abe no sabia que existe un grupo de traidores dentro de Cape, en cuanto supieron que no necesitaban esperar a que llegaras para abrir el maletín, intentaron quitarme esto.- Woolf entregó a Roja la unidad de cinta marcada con el membrete de la televisora oficial. –Por suerte aun quedan agentes leales a Cape y es con ellos con quienes escapé.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Missión: Caperojita

Capitulo 4: “La Vidente”


Caminó cerca de diez horas antes de llegar a los limites del desierto y el bosque y a penas comenzaba a sentir el cansancio, pues tantos años de entrenamiento la hacían mas resistente que cualquier agente de Cape.

Recordaba vagamente la existencia de una aliada Cape, una mujer de edad avanzada que abandonó la asociación en medio de un ataque de paranoia y que radicaba en el bosque, así que después de comenzar a sentirse en el limite del desgaste humano, decidió buscar a aquella mujer conocida como “La Vidente”.

Recordaba pedazos de relatos de otros agentes que daban con la ubicación de la Vidente, y aun cuando insistía en que solo eran leyendas, estaba decidida a encontrar a aquella mujer, aun cuando esto significara perder el camino.

El bosque de los lamentos era y aún es un lugar tenebroso solo por la fauna que contiene, se generan sombras y sonidos en medio de una perpetua penumbra que puede traer a cualquiera a un estado de temor gigantesco.

Ahí estaba, tal y como lo contaban los agentes, una casa hecha con raíces debajo de dos rocas que se intersectaban en la cúspide de estas y con el olor a manzana hervida, lo cual era un claro indicador de la practica mágica de la habitante.

Roja casi desfallecía de cansancio y nunca supo como llamó a la puerta, pero solo vio como esta se abría y se asomaba una figura femenina encorvada y con un penetrado aroma a raíces. Roja se desmalló y la mujer la llevo al interior de la casa.

Cuando Roja despertó no tenia noción de donde se encontraba, pero al ver el interior del lugar plagado de frascos que contenían sustancias de aparente origen vegetal, su primer impulso fue asegurarse de que su capucha se encontraba cubriendo su rostro, pero no la encontró ahí.

-¿Buscas esto?- escucho Roja al fondo de la habitación donde ella se encontraba tendida sobre un catre mal improvisado y cubierta con una frazada hecha de una tela gruesa como lana de borrego. La anfitriona se encontraba frente a una olla de peltre y le dijo:
-¿Por qué la Cape insiste en enviarlos aquí? Ya le deje bien claro a esos malditos Abe´s que no me interesa su juego de mentiras- dijo mientras se acercaba lentamente a Roja, quien aún estaba bajo los efectos del cansancio. –Bebe esto querida- dijo la anciana mientras le acercaba un vaso lleno de un brebaje que olía a manzanilla. Roja lo bebió, pues la anciana mantenía un gesto de generosidad a pesar de lo que las leyendas entre agentes narraban.

-¿Te han enviado a asesinarme no es cierto? No te preocupes querida, yo alguna vez fui victima también de esos torpes.
-Se equivoca señora, yo he venido aquí a buscar un lugar donde recargar energías solamente.
-Es cierto, aquí lo dice, tu destino solo cruza conmigo en esta ocasión. No coincide, mi momento es cerca y a manos de ellos, pero no de ti.- La anciana mostraba a Roja las líneas de la palma de su propia mano mientras la miraba con cierta curiosidad y fruncía.
-¿Podría soltarme señora?
-Claro querida, pero debo advertirte, estas a punto de experimentar una serie de sensaciones que nunca has sentido; traición, decepción, sorpresa y sobre todo una pasión que jamás creíste que pudieras ser capaz de sentir.

Roja quitaba su mano de la de la anciana y se repetía a si misma que solo eran leyendas.

-No te sientas mal querida, hace años yo tampoco me hubiera creído. Trata de descansar, mañana por la mañana puedes seguir tu viaje, te aseguro que llegaras a donde debas llegar aunque sea muy diferente de a donde crees que vas.

Roja solo agradeció a la anciana y se seguía repitiendo que solo eran leyendas, así que envuelta en la confianza que emanaba la improvisada y humilde residencia de la anciana cerró los ojos y se sintió sedada, por un momento pensó en la bebida, pero después descubrió que simplemente disfrutaba de la tranquilidad de encontrarse segura en algún lugar aunque fuera por solo un momento.

Cuando el sol salió por la mañana y se filtraba a través de los agujeros de la pared, Roja de inmediato comenzó a cargar sus cosas cuando la interrumpió la voz de la anciana.

-Ten mucho cuidado querida, a veces los lobos se visten de corderos.
-Le agradezco la hospitalidad y los consejos señora, así como el interés, pero si es cierto lo que me han dicho de usted, debe saber ya que debo terminar lo que he empezado.
-Como dije, solo ten cuidado querida.

Roja terminó de agradecer la hospitalidad y salió de aquella casa caminando por la vereda cuando la voz de la anciana la detuvo.

-Querida, necesitaras esto.- La anciana le entregó su capucha roja y de inmediato Roja se la colocó mientras la anciana le entregaba un paquete mas, un paquete rectangular envuelto en trapos sucios con un penetrante olor a humedad. –Úsalo cuando debas usarlo querida, créeme, hay mas en juego de lo que piensas.

-Le agradezco de nuevo señora.- Dijo Roja mientras guardaba el paquete entre sus ropas.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Missión: Caperojita

Capitulo 3: “Cambio de ruta”

Roja cayó en seco en la arena y a penas se recuperó del golpe, tomó su arma y llenó del plomo de sus municiones todo el lugar mientras trataba de identificar el origen de lo que había sido disparado para hacer explotar así su vehículo.

Volteó a todas direcciones pero no había rastro alguno de vida a la redonda, así que tomó los pocos víveres que aun quedaban en condiciones de consumirse y partió en la ruta que había trazado corriendo tan velozmente como la adrenalina liberada en ese momento le permitía.

Fue cerca de tres o cuatro kilómetros después de la explosión que detectó un movimiento entre la densa arena del desierto, se escuchaban como pisadas burdas de un ejército indisciplinado que corre a través del cálido desierto.

Roja se escondió detrás de una pequeña loma que el viento había formado pero pareciera que el pequeño ejército estaba decidido a encontrar a alguien que hubiera sobrevivido en una explosión que unos minutos antes tuvo lugar.

Fue cuestión de tiempo para que Roja se viera rodeada de apenas unos siete hombres provistos de mascaras amorfas y envueltos en harapos que parecían mas como vendajes y armados con báculos que seguramente usaban a la vez como armas y como bastones para sus expediciones.

Solo tuvo que calcular sus posiciones y saltar mientras dejaba fuera de combate a dos hombres y antes de caer ya había baleado a otros cuatro para caer junto al que parecía el líder del regimiento aquel, lo tomo por el brazo y con una navaja que Roja sacó de su cinturón amenazaba con cortar su cuello y al tenerlo en una situación de amenaza prosiguió a interrogarlo.

-¿Por qué me tacaron?
-¿Atacarte?

Roja aumento la presión en el brazo y el hombre tiró el báculo en las arenas mientras perdía poco a poco el conocimiento.

Después de asegurarse que no había mas gente a su alrededor y debido a la situación en que se encontraba, Roja buscó entre las pertenencias de aquellos hombres, no encontró mucho, algunas reservas de agua y una capucha que pertenecía a un agente de Cape.


-Los han atacado.- pensó para sus adentros Roja concluyendo que el equipo enviado a proteger a Woolf había sido victima de esta tribu, lo cual le parecía patético pero inquietante al referir a el paradero del hombre a quien debía entregar la información tan valiosa que poseía.

Definitivamente debía tomar cartas en el asunto, pero sabía que su papel no era rescatar a Woolf, ella debía llegar a la capital y si de algo estaba segura es que el desierto era demasiado peligroso para seguir por el.

Oprimió un botón del transmisor de su muñeca y de inmediato contestó una voz familiar.

-Aquí Abe, adelante Roja
-Abe, me han atacado y creo que tienen a Woolf.- Dijo Roja a su muñeca mientras cubría su rostro con su capucha color roja que brillaba con los reflejos del sol de la tarde.
-Debes seguir a la capital, yo enviaré por Woolf, ve por el bosque de los lamentos y en cuanto tengas oportunidad reporta a Abe de la capital, este nuevo equipo llevará a Woolf directo con el, ya no son seguros los lugares que lo eran.
-Entendido, ¡! CAMBIO Y FUERA ¡!- Dijo Roja mientras cargaba el resto de las cosas que pudieran serle de utilidad y emprendió marcha rumbo al bosque de los lamentos.

martes, 10 de agosto de 2010

Missión: Caperojita

Capitulo 2: "La misión de Roja"


Una tarde de invierno, Roja se encontraba entrenando en las instalaciones de un pueblo fronterizo, aún territorio de la Goodwana, una instalación donde se contaba que alguna vez fue escenario de una batalla entre un legendario pirata y seres místicos, pero las leyendas que se cuentan en toda la Goodwana nunca se pueden corroborar, esto era intrascendente a Roja quien entrenaba solo esperando el momento en el que fuera llamada para realizar el siguiente golpe, la siguiente misión. Esperaba el momento de demostrarse a si misma, que era la mejor.


Los eventos que dieron fama a Roja eran a veces exagerados por mismos miembros de la Cape, a veces decían que podía saltar hasta dos metros, a veces decían que solo tenia suerte, incluso algunas agentes achacaban sus triunfos al torrente de feromonas que emanaba. Lo cierto es que para los Abe´s, líderes de la Cape, ella era la opción perfecta para obtener resultados perfectos, trabajo limpio y efectivo era el binomio que caracterizaba el trabajo de Roja.

Esa tarde de invierno, Roja realizaba una serie de pesadas rutinas en aquel embrujado lugar, golpeaba tablones de mas de diez centímetros de espesor mientras a penas se percibía su presencia y estos se desquebrajaban producto de la enorme fuerza que inyectaban sus puños mientras que solo se percibían como un susurro tímido del viento.

Los murmullos que corrían en el lugar fueron interrumpidos por la alarma de su comunicador de muñeca indicándole que el momento había llegado.

-Aquí roja- dijo con voz firme que a penas dejaba escapar un jadeo del cansancio de sus ejercicios rutinarios
-Roja, ven de inmediato a la planta alta- se escuchó salir de la muñeca.

Inmediatamente Roja subió las escaleras de madera llenas de hollín y con algunas marcas de quemaduras que embonaban con la leyenda, aunque Roja insistía que eran cuentos locales.

Llegó a una oficina donde la esperaba Abe, quien se posaba de pie junto a su escritorio sosteniendo una bebida con una mano y con la otra en el bolsillo.

-Ha llegado el momento Roja, tenemos evidencia suficiente para mostrar al mundo la verdad sobre El General, no puedo darte muchos detalles, pero lo que siempre se ha sospechado aparentemente es verdad.
-No tengo idea de que me habla.
-No debes de tenerla, toma- Abe dio a Roja un papel doblado que sustrajo de su bolsillo. – aquí esta el código que abre el maletín que ha llevado ya un equipo a la capital, ahí están esperando ya algunos miembros infiltrados en los medios oficiales. Tu labor es sencilla, solo tienes que abrir el maletín y entregar el contenido a Woolf, el es el único que tiene el valor de hacer publico el contenido aun a costa de su vida, si lo logras todo el propósito de Cape tendrá sentido, Woolf te lleva dos días de ventaja desde aquí así que debes ser rápida y recuerda que debes tener cuidado con las aldeas del desierto.

-¿Desierto?- dijo Roja con una mezcla de incertidumbre y curiosidad por las palabras de Abe. -¿Por qué ir en el desierto?
-Por que si es cierto lo que tengo entendido que contiene el maletín, habrá mucha gente que dará su vida por el y no gente normal, gente con entrenamiento.
-Yo desayuno esos tipos Abe, no veo por que debo ir por el desierto.
-Roja, no es momento de hacer preguntas, tu indisciplina debe anularse en esta misión, esta es la que todos esperábamos, y por eso te la confío a ti, la mejor.
-Lo siento señor- dijo Roja mientras tomaba el papel y leía el contenido.
-¿Lo has leído no es cierto?
-Pensé que debía hacerlo

Abe tomó el papel y le prendió fuego. –Solo tú conoces la palabra ahora Roja, solo tú puedes abrir el maletín y así debe ser, recuerda, solo Woolf es confiable.

-Si señor- Roja empacó sus cosas y alisto una cuatrimoto de la bodega, no cargaba muchas cosas, básicamente armamento ligero y agua debido a la ruta en la que debía realizar su misión, además de ropa clara, excepto por la capucha distintiva de Cape, la suya en particular de color rojo, por la cual era conocida así.

A pesar de la estación, el calor en el desierto fronterizo no era amable, y mientras Roja trataba de planear una ruta para esquivar la zona de magnetismo, continuaba pensando en el contenido del maletín y la razón por la que Abe estaba tan consternado.


La temperatura del vehículo aumentaba exponencialmente en función del tiempo en que llevaba a acabo su recorrido por el desierto, bebía en ocasiones algo de agua y en ocasiones el terreno le pedía bruscamente una maniobra que le permitiera seguir adelante. Al cabo de seis horas de viaje comenzaba a sentir el cansancio, así que recordando técnicas de su entrenamiento continuaba su misión mientras trataba de recordar a Woolf.

El nombre le era familiar y lo asociaba a un hombre de a penas unos treinta años, un hombre con vitalidad y que poseía un carisma envidiable por otro agentes de la Cape, incluso, y muy para sus adentros, Roja recordaba cierta atracción física que le ocasionaba el hombre. Esto fue hace algunos años, pero aun recordaba el rostro de aquel agente a quien debía entregar el contenido del maletín.

El punto de reunión estaba aun lejos, pues la capital se encontraba distante e incluso llegó a pensar como esquivar la seguridad que seguro existiría a su llegada.

Justo en el momento en que comenzaba a sentirse angustiada por la gravedad descrita de la misión y justo cuando comenzaba a sentirse segura de lo que debía de hacer una enorme explosión en su vehículo la hizo saltar hacia atrás en una onda de calor que emanaba de la moto en llamas.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Missión: Caperojita

Favorita de los niños de la Goodwana

Capitulo 1: “Cape”

En épocas recientes del ascenso de El General existió una enorme disconformidad por parte del parlamento gubernamental Lauraniense, ya que una de las primeras acciones del nuevo gobierno de la Goodwana fue interrumpir el flujo comercial que existía entre ambas naciones; los recursos enajenantes y de control de la Laurasia intentaron desacreditar el triunfo electoral de El General argumentando que una figura que saltó a la voz popular ganando un reality show no estaba capacitada para dirigir un país y que sus acciones comerciales distaban de proteccionistas y que atentaban contra el libre mercado, por ello intentaron realizar una intervención armada en la Goodwana. Lo que la administración gubernamental de la Laurasia nunca consideró, era que el pueblo Goodwaniense, realmente estaba satisfecho con su nuevo líder e incluso lo apoyarían en esta guerra que permanecería por incontables años después.

Cuando la batalla comenzó, casi de inmediato se organizaron los habitantes según su punto de vista; mientras la mayoría de los pobladores de la Goodwana estaban dispuestos a luchar por su nueva nación. Una muy reducida masa de gente, que no compartía la visión totalitaria de El General, se organizaba en las sombras de lo publico, se hicieron llamar “Cape”, una organización rebelde a su gobierno y con la determinada meta de denunciar las malas acciones tomadas por su dirigente nacional y caracterizados por utilizar capuchas en sus apariciones, protegiendo así su rostro e identidad.

Pero la astucia e intelecto de El General no se vieron mermadas en las decisiones de su gobierno y después de varios ataques directos y sumamente violentos a este grupo, El General hizo lo mas sabio y definitivo para apagar la llama rebelde que encendía esta organización: los popularizo, a través de la cadena televisora que lo presentó ante el mundo y ahora no solo la cadena oficial sino la única con recursos suficientes para crearse una reputación de credibilidad, lanzó una fuerte campaña para hacer de los Cape una simple tribu urbana. Y después de un tiempo, y de una gran campaña el joven con estilo Cape era ahora el mas popular entre sus amigos.


Para cuando la capucha simbolizaba algo diferente a su idea original y para cuando el llamar a alguien Cape era un halago, la verdadera organización Cape perdió presencia en la Goodwana.

Sin embargo, y aunque los símbolos son mutables en su interpretación y los hombres se corrompen, las ideas son indestructibles y los Cape continuaron operando, solo que necesitaban tomar acciones tan tajantes que fueran capaces de mantener la flama de sus ideas vivas. Optaron por la agresividad como ultimo recurso y en colaboración con gente de diversos pueblos tanto de la Goodwana como de la Laurasia, crearon una sociedad secreta que participaría mas clandestina que nunca, comenzaron a preparar a su gente ideológica y físicamente en instalaciones perfectamente disfrazadas, llamaban la atención en protestas violentas que después eran calificadas como actos terroristas Lauranienses en la televisora oficial y fomentaban la música prohibida, la música con ideas.

De entre las filas de esta organización destacaba una agente, la cual nunca reveló su nombre, origen o identidad, era una mujer delgada con una complexión tan firme como la del mas feroz varón, delicada e indomable a primera vista, con una cabellera roja como fuego que trenzaba, tez clara y con una colección de pecas en cada mejilla y un lunar debajo de su ojo derecho que le hacia emanar una sensación de sensualidad bajo la cual se escondía en algunas misiones que cubrió para la Cape. Una mujer de aproximadamente dos décadas de edad, atractiva y con una entrenamiento tan bien realizado que la convertían en el arma perfecta de una organización como para la que trabajaba.
Una mujer conocida solo por la Cape como “Roja”